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Desde la antigüedad con Aristófanes y Menandro, pasando por la Edad Media por Alfonso Martínez de Toledo_el Arcipreste de Talavera_ hasta la época moderna con Norman Cousins, los estudiosos han ponderado los valores terapéuticos del sentido del humor. Han concluido que los efectos que tiene en nuestra fisiología son en mucho equivalentes a desarrollar variados ejercicios físicos, pues los químicos generados por el humor no sólo generan un estado emocional, espiritual y físico de bienestar, sino que además de fortalecer nuestra autoestima, robustecen considerablemente el umbral del dolor en nuestro organismo. Los químicos producidos por el humor como la endorfina, la serotonina y la inmunoglobulina A, tiene dones naturales que fortalecen nuestro sistema inmunológico, despiertan nuestra creatividad, vigorizan el sistema cardiovascular y ayudan en nuestra digestión, con el masaje que se produce al poner en marcha ciertos músculos del diafragma, que sólo funcionan a través de una fuerte carcajada, independientemente de producir un benéfico cansancio que nos genera un agradable bienestar. El mexicano _sabio por naturaleza_ disfruta su vida a través de la magia que le provee el buen sentido del humor, será porque intuitivamente sabe que es la manera más sana de combatir el cortisol, químico generado por el estrés, mal del mundo moderno que causa grandes daños a nuestro organismo, los budistas sostienen que reír durante 10 minutos equivale a una sesión de meditación. La obra Fausto, del extraordinario dramaturgo, poeta y novelista alemán Johann Wolfgang Von Goethe concluye con estas palabras: "Puede continuarse" y ese es, precisamente hablando del humor, el Quid del asunto con los mexicanos, que podemos continuar Ad Perpetum con nuestro sentido del humor, riendo de lo solemne, la religión y la muerte o lo risible, la política. Olvidando así las formulaciones complicadas en las que se gozan nuestros clérigos o políticos y viviendo la vida como es, al natural, sencilla, sin solemnidades ni protocolos, con un humor que rompe el orden lógico de las cosas, con esa chispa divina que hace que brote a raudales el ingenio de nuestra gente, porque de nuestro humor brota siempre el ingrediente substancial del mismo: lo inesperado. En la universidad de Texas, un grupo de investigadores que estudió a 1,558 personas mayores concluyó que aquellos individuos que vivían más alegres eran justo los más saludables. Los estudios consideraban que emociones positivas -el amor y el humor entre ellos_ impactan directamente en el estado de la salud, modificando positivamente el equilibrio físico del cuerpo. Existen variados tipos de humor: el religioso, el deportivo, el cultural, el social, el político, etc., todos sin excepción son la antítesis de la híper seriedad y del protocolo con el que se manejan algunas situaciones en la vida. El humor lleno del ingenio popular es una forma de resistencia sutil que tiene el colectivo social para oponerse al poder en turno. Si hablamos de humor político, recordemos cuando en plena época revolucionaria el usurpador Victoriano Huerta tomó la decisión de sacar de circulación las monedas de plata, para en su lugar introducir el papel moneda; el pueblo empezó a circular billetes que contenían la siguiente leyenda: "El águila real mexicana. es muy ingrata y muy cruel, se come toda la plata... y caga puro papel". Inmediatamente el gobierno del dictador ofreció una generosa recompensa para el que denunciara al autor de esos versos, nadie lo delató, inmediatamente salieron a la circulación otros billetes marcados con la siguiente leyenda: "La parte interesada desea saber, con qué dinero la recompensa se paga, si con el que el águila come... o con el que el águila caga." filosofo2006@prodigy.net.mx
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